Las páginas que mostramos hoy son de la revista
Nuestro Tiempo. Nos preguntamos si su lugar no podría ser un diario. Porque cuesta encontrar reportajes tan buenos como este, de
Ander Izagirre, en los periódicos. Y algunos seguimos pensando que los diarios existen para... leerse.






Le pedimos a Ander que nos contara detalles de su trabajo y fue generoso en la explicación:
"En junio viajé a la cordillera del Karakórum, en Pakistán, como cronista de la expedición al Broad Peak (8.047 m) de Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, tres de los alpinistas más fuertes y más elegantes de la actualidad. No sólo abrieron una vía nueva al Broad Peak y encadenaron de una tacada las tres cumbres de esta montaña, sino que además lo hicieron en estilo alpino: llevando todo lo necesario en su propia mochila, sin porteadores de altura, sin equipar la vía con cuerdas fijas ni campamentos, sin oxígeno suplementario, sin más ayuda ni más escapatoria que su propia fortaleza".
"Una expedición de este tipo exige unos dos meses: el viaje hasta los valles remotos de Baltistán, una caminata de siete días a través de un glaciar hasta el campo base a 4.900 metros, las fases de aclimatación, los intentos a la cumbre… En esos dos meses, mi trabajo consistía en preparar y enviar textos, fotos y vídeos desde el campo base (o, mejor dicho, a un kilómetro del campo base, glaciar abajo: en la gran roca plana entre hielos que convertí en mi oficina diaria, porque era el único punto desde el que conseguía conectarme con el satélite, apuntando hacia un collado a seis mil metros)".
"Aquí se pueden leer algunos de los
apuntes blogueros de esas semanas. Y un reportaje sobre la hazaña de Iñurrategi, Vallejo y Zabalza:
“Huella triple en el Broad Peak”.
"Además de relatar las aventuras y desventuras de los montañeros, durante aquellas semanas conocí de cerca algunas trastiendas de las expediciones a los ochomiles. Me llamó mucho la atención, por ejemplo, el trabajo de los porteadores: durante la marcha al campo base, compartí una semana de caminata glaciar arriba con más de ochenta porteadores que nos llevaban las cargas hasta el campo base. Cuando vi a aquellos hombres doblados bajo el peso de los bidones, empecé a preguntarme si aquello era una explotación o un trabajo muy duro pero digno. En las semanas del campo base tuve tiempo para conocer a cocineros, pinches, incluso a porteadores de altura, aquellos que acarrean cargas y equipan vías a siete y ocho mil metros para facilitar las ascensiones de los montañeros. Iñurrategi, Vallejo y Zabalza no recurren a ellos, pero estaban en la zona para ayudar a otras expediciones y pude preguntarles por su trabajo y sus vidas".
"El tema era sensible: estaban muy recientes algunas polémicas muy fuertes sobre las exigencias que algunos montañeros habían planteado a los sherpas en Nepal, en situaciones de vida o muerte. Por tanto, los patrocinadores y los gabinetes de comunicación no querían que durante sus expediciones saltara ninguna historia relacionada con el trabajo de los porteadores, por temor a que el público viera a los montañeros como explotadores y casi esclavistas. El recelo era lógico, porque el ambiente estaba caldeado y cualquier chispa podía desatar debates incómodos y manchar los méritos reales de los montañeros. Pero yo veía un hueco en el relato de la expedición: los bidones con las pegatinas de los patrocinadores están en el aeropuerto de Bilbao y después aparecen en un campo base en mitad de un glaciar pakistaní. ¿Quién los ha llevado hasta allá? Ese trayecto es imprescindible en la expedición pero suele quedar fuera del relato".
"Me parecía necesario explicar ese vacío. Y resolver la duda que yo mismo tenía: ¿el trabajo de los porteadores es una explotación?".
"Hablé con los porteadores, conocí la dureza de sus trabajos y los beneficios que obtienen ellos y sus familias. Los montañeros me convencieron, con los matices y las dudas necesarias, de que ahora el porteo es un oficio muy sacrificado pero mucho mejor regulado, protegido y remunerado que hace unos años. En parte, por el propio empeño de algunos de estos montañeros, que desde hace más de una década han trabajado para mejorar las condiciones y la cualificación de los porteadores baltíes. Por eso mismo, porque ellos tienen ese empeño, consideran que lo mejor es exponer al público sin tabúes cómo es el trabajo de los porteadores durante las expediciones".
"Al volver a casa, escribí el reportaje".