sábado, 17 de abril de 2010

Desembarco en la profesión (5)

Jesús Gil Sáenz (Logroño, 1976) terminó la carrera en el 98. Sus primeros pasos como diseñador fueron en Diario de Burgos y de ahí pasó, en 2000, a la dirección de Arte de La Voz de Galicia. Lo dejó en 2005. Marchó a Roma a estudiar Teología, "y en eso sigo, aunque en un segundo plano, porque luego empecé a trabajar en cosas de comunicación, que ahora ocupan un primer plano".



Ha titulado su texto "Tranquilo y sobre huella pisada":

Quizá la promoción de 1998, vista en conjunto, desembarcó en la profesión porque, a los pocos meses de licenciarnos, muchos trabajábamos en puestos más o menos estables. Pero visto individualmente, para la mayoría de nosotros, más que un desembarco fue un adentrarse poco a poco en las aguas de la profesión, desde los años de la universidad.

En mi caso, para cuando terminé Publicidad, ya había decidido orientar mi carrera hacia el diseño de diarios y la infografía. Miguel Urabayen me dio el último empujón con sus consejos, pero antes había colaborado con los Premios Malofiej, a las órdenes de Toni Piqué y rodeado de unos compañeros excepcionales; y también hice prácticas dos veranos, por mediación de Paco Sánchez, en Bega Comunicación, aprendiendo de Ricardo Bermejo, Luis Garbayo y Rafa Esquíroz.

Así que, pocos días después de presentar el último examen, hice las maletas y marché a Diario de Burgos. Algunos meses antes, Edu Cruz había fichado por La Gaceta de los Negocios, por lo que se me presentaba una posibilidad de ser contratado después de las prácticas. Elena Moreno y Juan Pablo Maset también habían pasado por el diario, que reunía las características perfectas para comenzar en la profesión: periódico líder, ciudad tranquila, plantilla con buena preparación, campo libre para las iniciativas, confianza en la gente... Allí me recibieron el grandísimo Ponchi, y el no menos grande Antonio José Mencía. Paco debía de haberle hablado maravillas, porque ya en verano me dejaron diseñar un suplemento sobre Castilla y León que se repartió en la Expo 98 de Lisboa.

A finales de septiembre me ofrecieron un contrato, pero no para trabajar en la sección de maquetación, sino en el Taller de Diseño/DB, un pequeño estudio in house, formado por un diseñador, que coordinaba todo, y dos redactoras. Producía, sobre todo, suplementos especiales y libros por fascículos para las promociones del Diario. Allí estuve año y medio.

El trabajo del que guardo mejor recuerdo fue “El Camino de Santiago desde el aire... y kilómetro a kilómetro”. A principios de 1999 nos habían pedido que propusiéramos un producto editorial que sirviera de promoción con ocasión del Xacobeo de ese año. Tras varias tormentas de ideas, pensamos que para los lectores tendría valor un libro que mostrara, con fotos aéreas, todo el Camino de Santiago, desde Roncesvalles hasta Santiago. No les ofreceríamos otra guía más de información útil, porque no podíamos competir con las editoriales, sino la experiencia de andar el Camino página a página (en el fondo, este tipo de experiencia es lo que explica el éxito de Google Earth hoy). Comentamos el proyecto con un fotógrafo burgalés, que ya había realizado con Diario de Burgos otros libros de fotografías aéreas, pero nos dijo que era imposible. Contactamos entonces con una empresa especializada, con sede en Bilbao. La conversación telefónica con el comercial se desarrolló más o menos así:

–Queríamos hacer un libro sobre el Camino de Santiago, pero queremos mostrar TODO el Camino, uniendo fotografías aéreas.
–Sí, entiendo.
–Desde Roncesvalles hasta Santiago, o hasta Fisterra incluso.
–¡Fácil!
–O sea, que no queremos fotos artísticas, sino que necesitamos que sean cenitales, para que puedan juntarse y formar como un mapa.
–Sí, hombre, lo hacemos.
–Pero tenga en cuenta que tiene que salir todo el Camino, porque queremos señalarlo con una línea amarilla.
–Que sí, hombre, ¡fácil!
–¿Y en cuánto tiempo podrían hacerlo?
–¿Esto? ¡En dos días, oye!

Vino pocos días después, discutimos el proyecto, el presupuesto, los plazos... e hicieron un gran trabajo en sólo ocho semanas. La realización del libro fue más larga y compleja; durante unos meses, estuvo trabajando con nosotros Iñigo Irigoyen, que después lo contrataron en Pamplona, y por ahí sigue triunfando.

Diario de Burgos ganó una medalla de plata en los Malofiej del año 2000 por este libro: todas las páginas desplegadas formaban un gráfico de casi 50 metros. En cierto modo, contribuyó a seguir resolviendo un debate abierto entonces entre los infografistas: ¿dónde termina la fotografía y comienza el mapa?, ¿puede emplearse cualquier técnica –dibujo vectorial, 3D, artístico, fotografía, modelismo– para contar una noticia visualmente? Han pasado los años, y hoy puede afirmarse que la infografía, gracias al buen hacer de tantos profesionales, ha superado estas dudas y ha puesto todas las técnicas posibles al servicio de la comunicación. Supongo que el reto que se plantea ahora es el mismo que cualquier otro género periodístico siempre: que la visión de la realidad y la interpretación de los hechos respete la verdad de esa realidad y de esos hechos.

Diario de Burgos supuso un buen entrenamiento para lo que me esperaba en La Voz de Galicia. Allí traté de poner en práctica otro principio que aprendí también en la Facultad: la componente de servicio que tiene la profesión; servicio a los lectores, a la sociedad, a los compañeros hacia arriba y hacia abajo, a la empresa, a la profesión. Quizá no lo escuché explícitamente en las clases, pero lo vi en muchos profesores y profesoras, que podrían haber destacado en cualquier campo del periodismo y, sin embargo, habían elegido precisamente el de la docencia y la investigación, que son puro servicio. Pero mis aventuras en La Voz de Galicia tendrán que ser contadas en otra ocasión. Paco Sánchez y Toni Piqué tuvieron otra vez un papel, y también Jesús Zorrilla, Javier Errea y Chus Aycart, entre otros. Tuvo que ser gallego el que dijo que de callar nunca se arrepintió nadie.


2 comentarios:

Santi Gómez dijo...

Grande Txus...
Desde luego, la radio no era lo tuyo. Lo que nos reímos en la carrera!!
MAJ, me leí el otro día tus aventuras: buenísimas!
Abrazos,
Santi

Rafael Martín dijo...

Lo que más nos extrañó a todos es que pudiendo ir a Estados Unidos o a El Mundo eligiera trabajar en el Diario de Burgos. El tiempo le dio la razón: pudo trabajar en grandes proyectos desde el principio, asumiendo la responsabilidad y sin que le pusieran especiales cortapisas a su creatividad. Y es que Jesús ha sido siempre un tipo discreto que no ha querido dar saltos de fama sino pasos bien medidos.

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